La Xara, el castillo de la reina mora

Este fin de semana no pude salir con los compañeros de RocaCoscolla ya que el miércoles tuve a bien de salir a correr y de tropezarme malamente contra un peñasco. El resultado fue Yo 0, suelo de hormigón 4, cuatro porque algunos millones de células de mi codo, rodilla y ambas manos quedaron distibuidos sobre el homigón tras volteleta y tirabuzón en el aire.

En fín, con la rodilla tocada, este fin de semana tocaba quedarse en casa y terminar de pintar el garaje y trastear un poco con Arduino. En el momento de escribir estas líneas, llevo inmerso varias horas en una atmósfera regada por los vapores de la pintura de clorocaucho así que si digo alguna tontería, espero me sepais disculpar.

Por eso voy a postear algo sobre la salida del fin de semana pasada ya que he andado tan liado esta semana que  no he podido hacerlo antes.

Salimos desde Sigmat de la Valldigna, un pueblo con un monasterio muy chulo. La salida la dirige hoy Mariano, un hombre que no querríais encontraros una noche de luna llena en medio del monte. La escena puede ser algo así como la luna a contraluz dibujando la silueta de Mariano, 10 grados bajo cero y él en manga corta y pantalón corto, cuerpo humeante, guante de cuero en la mano sujetando un hoz y escoltado por dos perros, auuuuu…  una vez se te acercase y tras haberte hecho pipi y popo encima te darías cuenta de que es un tio cojonudo.

La subida al castillo se hace durilla, unos cuantos nos ponemos a tirar del pelotón de hoy, una auténtica romería de gente. A la llegada los primeros salimos monte arriba, en plan pila FIFO (First In First Out). El grupo se alarrrrrrr ga muchísimo y cada vez me parece que somos menos. Las vistas desde lo alto de la loma son preciosas, Gandia y el mar desde lo alto de la montaña se ven espectaculares.

Llega el almuerzo y la gente de atrás empieza a protestar. Hace viento y Mariano quiere llevarnos a resguardo. Mariano como buen capitán sabe hacerse respetar y hace caso omiso a la voz del pueblo apunto de amotinarse, con la hoz en la mano sabe que quien le plante batalla está perdido.

Almorzamos en un lugar increíble, no me podía imaginar que la Comunidad Valenciana tuviese estos lugares tan bonitos.

Seguimos la ruta siempre viendo el Montdúver que me quedé con la ganas de subirlo. Botán y Morgan tienen un par de enganchones, debe de ser la tetosterona ya que Botán empieza a ser un adolescente y con algunos machos empieza  a no llevarse.

A la llegada a Sigmat, foto de grupo y para casa.

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