… o que podemos invertarnos para hacer una fiestas y ponernos tibios de cerveza y carnaza.
Esta entrada viene con un poco de retraso. Hace un mes se nos casó la Piku en Weimar!!!!. La ceremonia minimalista, cuatro y el gato de las que a mi me gustan… eso de cabar fumandose un puro reseco con la corbata en la cabeza y un cubata en la mano no es lo mio.
Tras la comida fuimos a visitar la ciudad de Weimar. La ciudad me encantó. Los parques son tremendos, enormes, vamos, creo que el Amazonas puede caber 10 veces dentro de uno de los parques de Weimar.

Weimar es conocido por los Weimaraner, por Göthe, por los Gingkos…. y por la fiesta de la cebolla. Tuvimos la suerte de estar alli para asistir a tal evento.
Soy de los que piensa que la cocina alemana no tiene nada de especial, pero me encanta comer en Alemania, especialmente en invierno. Esas carnazas, esos codillazos, esos muslamenes de cerdo hervidos, a la brasa, regados con unas cervezas de la zona, es de lo mejorcito que hay, para resucitar muertos y tumbar a los más vivos.


Pues en la fiesta de la cebolla, la ciudad se llena de puestos, generalmente adornados con cebollas, venden de todo, cosas mediavales, comida, bebidas, cebollas… en cada plaza hay un grupo tocando, con lo que lo interesante es ir paseando bebiendo y comiendo.
Hizo un frio del carajisimo, 2 grados en Octubre, que para un valenciano como yo fue como caer de culo sobre un iceberg en el Ártico.
Lo pasamos muy bien sobre todo porque nos reunimos toda la familia, padres y hermanos lo cual viene a ser como la alineación de los planetas, “una vez cada mil millones de años”.


Pilacha y Konrad se portaron genial lo organizaron todo estupendamente y nos cuidaron todo el rato.
Besos chermaneta!, ahia, abrigáte oh! que allí hace un frio que maemiia!